Internet ya acumula nostalgia

Hace pocos días, el 26 de Octubre cerró uno de los sitios de páginas gratuitas más importantes de la historia de Internet, Geocities.

Para aquellos que lo conocieron, es algo así como el cierre de Angenscheidt, esas grandes compañías que uno tiende a creer que sobrevivirán a nuestra propia existencia, seguramente hablaremos con nostalgia varios de nosotros, cuando nos refiramos a él. 

Adquirido por Yahoo en 1999, Geocities fue un sitio que ya a finales de la década del noventa, tenía millones de usuarios a lo largo y ancho del mundo, que desarrollaban su primera home page o página personal. 

Orientado a la formación de una comunidad virtual, Geocities se puede ver como un predecesor con diez años de antelación, de portales como MySpace o Facebook. 
De hecho la Web 2.0 no se inventó por estos tiempos, y Geocities es una muestra de ello, sino que reinventó, impulsa-da por nuevas y fascinantes tecnologías que permiten plantearse diferentes estrategias y formas de comunicación. 
Esto nos trae nuevamente al concepto de e-business, como la articulación de tres vectores: estrategia, comunicación y tecnología, soportando a las dos prime-ras, y la necesidad de comprender los negocios en la Web como una correcta combinación de estos. 

Geocities fue pensado con un modelo de negocio basado en la publicidad, años en los que se asumía que el éxito de la televisión se iba a replicar en la Web, apareciendo decenas de sitio que si no corrieron la misma suerte que Geocities, por lo menos tuvieron que bajar su cartel de nuestro World Trade Center. 

Geocities nos enseña la importancia de una actualización tecnológica, de una correcta estrategia, de que Internet no es gratis, que adelantarse a vender algo a mal precio puede ser serio si se vende mucho. Pero también nos hace reflexionar sobre las oportunidades y amenazas de una buena idea bien ejecutada poten-ciada por Internet. 
Si bien es una historia muy conocida, vale la pena repasarla a días del cierre de Geocities. 

A Terry Semel, que en el año 2001 ingresó a Yahoo como CEO, los fundado-res de la empresa, Jerry Yang y David Filo, le sugirieron que explore la posibilidad de comprar Google. 
Google le facturaba siete millones de dólares al año por el uso de su motor de búsqueda, antes que decidiera abandonarlo para independizarse estratégica-mente de su principal competidor. 
Luego de una cena con Larry Page y Sergey Brin, fundadores de Google, Semel retorna con el pedido de 3000 millones de dólares por la compra del paquete accionario. Tal vez habrá pensado que el valor era excesivo para la facturación anual de la empresa, en un momento dónde todo se medía por visitas y Google carecía de ellas. Esto nunca se concretó y podría encabezar una recopilación que se llamara \"Historias de CE-Os perdiendo Oportunidades\". 
Pero unos años antes, el matrimonio Yahoo-Google nunca concretado, había tenido ribetes también para el anecdotario. 

En 1997, Sergey Brin y Larry Page se acercaron a Yahoo acuciados por la falta de fondos para lanzar Google, que aún en los laboratorios de la Universidad de Stanford, devoraba discos, servidores y ancho de banda. Yahoo ignoró la invitación a invertir en el novel proyecto, lo que constituyó otro gran desacierto en la identificación de oportunidades. 
De acuerdo a John Batelle en su libro The search, Brin y Page se habrían encontrado poco tiempo después, con Andy Bechtolsheim, profesor de Stanford y cofundador de Sun Microsystems, para contarle de sus proyectos y la necesidad de financiamiento. 

La visión de este profesor de ciencias de la computación fue bien diferente. En ese primer encuentro, salió un momento de la reunión para ir hasta su auto a buscar su chequera y darles el doble de lo que los fundadores de Google le solicita-ran: cien mil dólares. 
Mucho menos que los 3500 millones que pagara Yahoo al año siguiente por Geocities, hoy cerrada.